Lectio de la Semana

Viernes 10 septiembre

Motivación

El evangelio de hoy nos llama tomar conciencia de nuestras debilidades, antes de mirar las debilidades del otro; a no fijarnos tanto en lo que al otro le falta o dónde se cae, sino a tener conciencia de nuestros propios tropiezos y caídas. A ir limpiando nuestra mirada, para ver en los demás a Cristo.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 6, 37-42

No juzguéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.  Dad y se os dará:  una medida buena y apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos.  Porque con la  medida con que midáis se os meridrá.  Les añadió una parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.

 


Sábado  11 de septiembre

Motivación

Este evangelio de hoy nos habla de Jesús como roca, pero no cualquier roca sino que la roca en la cual ponemos nuestros cimientos, desde donde construimos, de donde nos afirmamos. Si todas nuestras acciones, empresas y relaciones las edificamos sobre Él, nuestros frutos serán siempre buenos, verdaderos y no perecederos.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 6, 43-49

«Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca. «¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo?«Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa.»

 


Domingo 12 de septiembre

Motivación

¿Qué es lo que andamos buscando en la vida? Buena salud, felicidad en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestra fe, buenas relaciones con nosotros mismos, con la gente y con Dios. Cuando Jesús nos dice hoy que tenemos que seguirle cargando las cruces que nos encontramos en la vida, ¿aceptamos eso como discípulos de Jesús hoy? ¿Lo tomamos como parte de nuestra fe o bien decimos: “Señor, cualquier cosa…, pero ésta no”? Jesús nos asegura: “Quien pierda su vida por mí, la encontrará, la salvará.” — Preparémonos para el encuentro con el Señor; él nos va a dirigir su palabra salvadora.

Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 8,27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus díscípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.»
Él les prohibió terminantemente decirselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

 


Sábado 11 de Septiembre

Motivación

Esta lectura nos hace un llamado a buscar sinceramente a Dios sobre todo lo demás y llenar nuestro corazón con las cosas de su reino: con la oración, la escucha de su palabra y la disposición a ponerla en práctica. Nos invita a edificar nuestra vida cotidiana sobre la roca firme, que es Jesús mismo.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 6,43-49

Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo; y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno saca lo bueno del buen tesoro del corazón, y el malo, del malo saca lo malo, pues su boca habla de lo que rebosa el corazón.

¿Por qué me decís ‘Señor, Señor’ y no hacéis lo que digo?

Voy a explicaros a quién se parece todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica.  Se parece a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada.  Pero el que las ha escuchado y no las ha puesto en práctica se parece a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente: la casa se desplomó al instante y su ruina fue estrepitosa.

 

Preguntas:

¿Qué me dice esta lectura?

¿De qué lleno mi mente y mi corazón en el día a día?

¿Reconozco a Jesús como la roca sobre la cual edificio mi vida?

 


Domingo 12 de septiembre

Motivación

En el Evangelio de hoy Domingo, Jesús nos pregunta, a cada uno de nosotros: ¿Quién dices tú que soy yo? Muchas veces, al igual que los discípulos, no reconocemos su acción salvadora en nuestras vidas porque cuesta aceptar que en el dolor y en la cruz está Jesús con nosotros y que muchas veces el camino que Dios nos tiene pasa por la cruz,

Pero Es un llamado a confiar que el Señor actúa siempre, en toda la situación por difícil que parezca.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 8, 27-35

Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos:  “¿Quién dicen los hombres que soy yo?”  Ellos le dijeron:  “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.”  Y él les preguntaba:  “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”  Pedro le contesta:  “Tú eres el Cristo.”  Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días.  Hablaba de esto abiertamente.  Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle.  Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole:  “¡Quítate de mi vista, Satanás!  Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.”

Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo:  “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.  Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

 

Preguntas:

¿Cómo respondo hoy a las preguntas que Jesús hace a sus discípulos?

¿Reconozco su acción en mi vida?

¿Qué experiencias de encuentro o desencuentro con Jesús, me llevan a esta respuesta?

¿Qué significa en mi vida: “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”?

¿De qué manera puedo poner esta cita en práctica?


Lunes 13 de septiembre

 

Motivación

“Mándalo de Palabra y quede sano mi criado”… esta es la fe a la que estamos llamados; a creer en el poder sanador de Jesús como el Centurión, que confía radicalmente en su poder. También nosotros confiemos en que si le presentamos  nuestras  carencias, nuestras  heridas, nuestras debilidades y las de los que tenemos  a nuestro alrededor,  Él las va a ir curando, les va a ir dando un sentido y obrar el milagro de  ir acercándonos  más a Él.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 7,1-10

Una vez concluidas todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaún. Se encontraba enfermo y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste.  Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera y salvara a su siervo.

Éstos, llegando ante Jesús, le suplicaban insistentemente, diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo y él mismo nos ha edificado la sinagoga.» Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra y quede sano mi criado.  Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: `Vete’, y va; y a otro: `Ven’, y viene; y a mi siervo: `Haz esto’, y lo hace.»  Al oír esto, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.»  Cuando los enviados volvieron a la casa hallaron al siervo sano.

 

Preguntas:

¿Cuáles son hoy mis carencias o debilidades? ¿La de otros?

¿Confío realmente en que Jesús puede sanarme?

¿Cómo busco al Señor y se las presento para que las vaya sanando?

 


Martes  14 de septiembre

 

Motivación

La lectura de hoy nos muestra a in Jesús compasivo y atento al sufrimiento de los demás.  Nos llama a confiar en que sólo Él nos puede sacar de la muerte, del pecado, de la debilidad; que nos puede hacer resucitar de nuestras muertes diarias, de nuestros contratiempos para poder resucitar con Él a la Vida Eterna.

Y también nos invita a ser compasivos y misericordiosos con quienes nos rodean, entregando así el amor de Jesús a los demás.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 7,11-17

Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores.» Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.» El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.

 

Preguntas:

¿Qué me dice la lectura hoy?

¿Qué buena noticia me trae hoy esta lectura?

¿De qué manera soy compasivo y misericordioso con quiénes me rodean?


Miércoles 15 de septiembre

Motivación

Hoy el Señor nos hace un llamado a estar atentos y despiertos a las diferentes formas en que se nos va manifestando día a día; en personas, en las circunstancias cotidianas, en la oración y principalmente en su Palabra. No dejemos pasar la oportunidad de encontrarnos con él hoy.

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 7, 31-35

«¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen?  Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo:

´Os hemos tocado la flauta,

y no habéis bailado,

os hemos entonado endechas,

y no habéis llorado.’

«Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: `Demonio tiene.’  Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: `Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.’ Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.»

 

Preguntas:

¿Cuál es la buena noticia que me trae hoy esta lectura?

¿Cómo estoy buscando a Dios?

¿Cuán abierto estoy a las diferentes manifestaciones o enviados del Señor?


Jueves 16 de septiembre

Motivación

Jesús nos ha dicho a nosotros también su palabra de perdón,: “Tus pecados te son perdonados.”  Que se pueda decir también de nosotros que  en nuestra vida y conducta mostramos un gran amor, tanto a Dios como a nuestro prójimo.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,36-50

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»
Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»
Él respondió: «Dímelo, maestro.»
Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»
Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»
Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.»
Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»
Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Palabra del Señor


Viernes 17 de septiembre

Motivación

Lucas es el evangelista que describe la contribución de las mujeres al apostolado de Jesús. Cristo las ha liberado de las alienaciones de la sociedad judía. Acompañaron a Jesús desde el comienzo de su ministerio y gozaron de una condición o posición no muy distanciada de la de los Doce; después de la resurrección, ellas fueron las primeras en proclamar que Cristo había resucitado. Juntamente con los Doce, son acompañantes o compañeras de Jesús mientras él va de pueblo en pueblo anunciando la Buena Noticia de salvación. Los compañeros participan también de la misma mesa

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 8,1-3

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

Palabra del Señor


 Sábado 18 de septiembre

Motivación

Lucas de la parábola de la semilla. En la intención original de Jesús la parábola describe el crecimiento difícil y progresivo del reino hasta su final cumplimiento, del cual habla también Pablo en la primera lectura. Lucas, en la explicación ya de la parábola, la aplica a la recepción de la palabra de Dios y a la vida de fe en el corazón de la gente.      Dios siembra la semilla, pero la gente la recibe de forma diferente,  y reacciona a ella de diversas maneras, ya que es difícil hacerla crecer y permanecer leal a ella en las humildes y a veces difíciles realidades de la vida diaria. —¿Cómo crece y da fruto en nosotros la palabra de Dios?

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 8,4-15

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.»
Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?»
Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»

Palabra del Señor


Domingo 19 de septiembre

Motivación

Aquéllos de entre nosotros que son padres o educadores
aman a sus niños e intentan enseñarles, de la mejor manera,
todo lo que es recto y bueno.
Pero, por otra parte, aprendamos también de los mismos niños a ser espontáneos, y confiados en Dios y los unos en los otros, dispuestos siempre a admirar y agradecer, y esperando para todos todo lo bueno.

Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 9,30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

Palabra del Señor


Lunes 20 de septiembre

Motivación

Cristo habla de la palabra de Dios como de una luz que no puede  permanecer oculta; debería brillar en las vidas de los que creen en el evangelio, de tal forma que así puedan dar testimonio de Cristo y de su mensaje.

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas (8,16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»

Palabra del Señor