Retiro Promesados Activos

Este fin de semana se realizó el retiro de promesados y promesadas activas centrados en el silencio y la oración. La comunidad San Juan Apóstol, nos cuenta, Fernando Castro (L07): “Fue muy comunitario, donde el oficio, las prácticas de oración y el trabajo por temas fue armando un gran momento de encuentro con Cristo. Me quedo que la oración es una acción de amor de Dios y una manifestación del amor propio. Fue un momento para dejar salir el Cristo interior, dejarlo aflorar a través de la oración personal y la comunitaria”.

Por su parte la comunidad Santa Matilde, bajo el lema: “Me saciarás de gozo en tu presencia Señor” (Sal 16, 11), acompañadas en su retiro, por la comunidad de oblatas cenobitas, nos cuentan, Alessia Maden (A15): “Una instancia de oración, silencio y amistad. Pude ver a Dios y cuanto me quiere, y reconocer el regalo que se nos da a raíz de la promesa de Dios con nosotras de poder vivir este estilo de vida, de una sociedad radicalmente alternativa. Es muy fuerte experimentar como después de tanto tiempo la vida de Benito sigue resonando y repercutiendo tan fuertemente en la vida de cada una, y como a pesar del silencio, la comunidad sostiene cada cosa que va sucediendo en la intimidad con Dios. La comunidad se vuelve un lugar seguro en donde encontrarse con Dios. Caminamos por la playa leyendo salmos 10 minutos y repitiendo un versículo el versículo que más nos llego 10 minutos, una colación espiritual, trabajo de oración personal con los diálogos de San Benito y la Regla y finalmente la convivencia.

 Elizabeth Osorio (L18): “Este retiro de silencio, es un regalo para todas que nos permite entrar a la lectio, oficio y trabajo personal. Pudimos descubrir las promesas que Dios ha cumplido en cada una y profundizar en la escuela de oración de San Benito a través de su regla y los Diálogos de san Gregorio Magno. Pude desprenderme de mi misma para retirarme no solo físicamente, sino también con el corazón, olvidarme de toda mi humanidad para unirme en el espíritu de Dios en y con la comunidad presente, para volcarme plenamente a la oración con una actitud de escucha. Me fui iluminando con “la oración es una escuela para el olvido de sí” y luego Dios me lo confirma en: “Escucha, hija, mira presta oído, olvida tu pueblo y la casa paterna”. Su paternidad no descansa conmigo y por lo mismo me va saciando en la oración, en personas, en la amistad, en la paz y en la promesa.