DECANÍA SAN JOSÉ, 20 AÑOS

Trabajo en el campo al llegar

José Antonio Navarro, oblato del Movimiento, recuerda y comenta: “Así como tuvimos que aprender a vivir en la Patagonia, tuvimos que aprender a trabajar con animales, y tanto para lo primero como para lo segundo, los gauchos y vecinos fueron nuestros grandes maestros. Su sabiduría, conocimiento y respeto por la naturaleza nos causaron gran impacto, cuando, por ejemplo, tras una nevazón, muy preocupados fuimos a preguntarle al gaucho encargado qué debíamos hacer con las vacas, y él nos dijo: “nada, el animal va a buscar qué comer”. Nos quedamos tomando mate en su puesto, donde nos explicó que el peso de la nieve rompe ramas y corta las huellas y se hace muy difícil recorrer los cerros donde están los animales, por lo que sólo quedaba esperar.

En junio de 2001, pocos meses después de nuestra llegada, fue la primera visita del veterinario estando nosotros. Dado el frío de junio, este no era un mes adecuado para juntar a los animales, de hecho, los corrales estaban con una dura capa de hielo que tuvimos que romper antes de iniciar el trabajo. Teníamos que hacer el trabajo con todos los cuidados que nos decía el veterinario, como, por ejemplo: que no hubieran perros en los corrales y terminar temprano el trabajo para que el frío no encontrara a las vacas sudadas y se escarcharan. Aprendimos que “vaca parida, vaca viva”, sorprendiéndonos en las pariciones al ver que la mayoría podía parir sin asistencia, mientras que el gran porcentaje de las que debían ser ayudadas perdían el ternero. Una anécdota impactante fue ver nacer un ternero con dos cabezas muerto, cuya madre sobrevivió gracias a la ayuda de los gauchos”.