Jovenes ingleses en San José

Desde el 15 al 23 de mayo, seis ingleses que se encuentran viviendo su Gap Year (año sabático) en Chile, viajaron a San José. Los hombres: Chris, Nick, James y Johnathan, fueron acompañados por Juan Pablo Morán, oblato de Manquehue; y las mujeres, Chiara y Mildred, fueron con Cecilia Bernales (B95) también oblata.
Los jóvenes se sumaron a la vida de las casas y también tuvieron espiritualidades especialmente preparados para ellos. Celebraron las vísperas de Pentecostés y el domingo se reunieron en la Iglesia de Guadal para seguir celebrando la venida del Espíritu Santo.

Mildred: “Fue increíble. Me habría quedado durante meses. La comunidad fue muy acogedora nos hicieron parte de ella, cocinando, limpiando y cantando. El clima fue perfecto, muy claro la mayoría de los días, así que pudimos ver todas las montañas y no hizo demasiado frío. Me encantó todo, las espiritualidades, la vida comunitaria, los paseos y el trabajo. El Espíritu Santo estuvo tan presente en todos lados, fue una experiencia muy poderosa”.

Chiara: “¡Me gustó muchísimo la experiencia! Tuve un encuentro tan profundo con Jesús, en todo; en la comunidad, en el trabajo, en la naturaleza, en la lectio, en las espiritualidades. Pude tener un silencio tan pacífico dentro de mí, que ahora llevo conmigo aquí en Santiago. No quería irme y aun siento que recibo cosas de mi experiencia allí”.

James: “Llegar a la Patagonia, despejada y olorosa, para aprender de Manquehue, aunque sabíamos que lo de despejada podía cambiar, pero de todas formas, quedé inmediatamente impresionado por el tamaño de la Patagonia y por la espiritualidad y la amistad de de la misión allá.

Vivir durante 10 días, en esta comunidad, me podría haber parecido un panorama desalentador, pero la calurosa recepción, la comida que nos dieron, rápidamente adormecieron estos miedos. Uno de los otros “gringos” dijo que vivir en esta comunidad es cuatro veces más desafiante que vivir como lo hacemos usualmente, y al mismo tiempo, cuatro veces más gratificante. El desafío de vivir sin electricidad, levatándonos a las 5 de la mañana, y vivir todos el día sin luz, fue una constante durante toda la experiencia e incluso se hizo más difícil con el paso de los días. Pero, mientras tanto, empecé a disfrutar lo que el Cardenal Hume llama “La libertad de la obediencia”. Vivir una vida, donde cada momento del día está estructurado podría parecer esclavizante, pero al contrario, es real.

Encontré que el estar enfocado completamente en mi fe, en vez de enfocarme y distraerme en las cosas del día a día, me hizo más libre y por primera vez sentí que Dios me comenzó a hablar. Durante el retiro de silencio, sin escuchar o ver a otras personas, fui sorprendido al leer a Isaías 54, y sentir la presencia de otro ser, y como se comunicaba personalmente conmigo. Tal certeza de la presencia de Dios solo pudo darse en tal lugar. La vida allá es dura, pero bajo eso, se descubre el amor de Dios que saca la fe de uno. Fue un placer no solo experimentar esta vida, sino ser parte de ella. Realmente se lo recomiendo a todos”.

Christian: “Realmente valió la pena el largo viaje a la Patagonia. Traté de no tener expectativas antes de irme, pero incluso si es que llegué a tener, fueron removida por el increíble tiempo que tuve allá. Fue un privilegio vivir, trabajar y rezar con la comunidad establecida allá en el espacio donde uno decide la vocación y donde uno crece en fe, con amigos, incluso con la levantada temprano. Habían tantas cosas por aprender, cortar madera, hacer pan o traspasar la barrera del lenguaje (cada día fue más fácil) y acostumbrarme a las asombrosas cualidades del mate! Tratamos de dar lo mejor de nosotros en los distintos trabajos, de ayudar a la comunidad en el proyecto de crear un lugar más autosuficiente, viviendo bajo los valores benedictinos. Sinceramente recomiendo a quien quiera conocerse a si mismo, tener esta experiencia, por 10 días o 4 meses. Lo que encontré de mi mismo, y la fe han enriquecido enormemente mi experiencia aquí y no puedo estar más agradecido por la acogida.

Johnathan: “Par mí la experiencia fue una abrir de ojos, digo esto porque realmente me permitió poner a Dios en el centro de mi mente por 10 días seguidos y aunque rezamos lo mismo que en Santiago, me cuestioné mis pensamientos y al mismo tiempo escuché lo que Dios me quería decir. También tuvo algo especial el trabajar la tierra por el bien mayor, y que en 30 años se verán los frutos, fue muy especial. También fue interesante ver otras formas de vida en comunidad”.