“No vivo yo, sino que es Cristo que vive en mí” (Ga 2, 20)

La semana recién pasada se reunieron los promesados activos, en una jornada para iniciar el proceso de renovación de promesas. “El objetivo de este proceso es que los promesados experimenten una renovación espiritual inspirada  en lo que la comunidad de Oblatos ha recibido a partir de la Escuela de Oración de Benito y que esto los ayude a renovar con radicalidad su vocación de seguimiento a Jesucristo y vivir su bautismo según el carisma en el MAM”, nos contó el Encargado de grupo, José Antonio Navarro, oblato. Carmen Larraín, oblata: “Fue un espacio para estar juntos en torno a la Oración, y a la amistad. Reconocer la presencia de Dios en nuestro peregrinar. Partimos con la Oración de Hora Intermedia todos los grupos juntos, después tuvimos una Lectio en torno a lecturas que nos hablaron de la abundancia de los dones que Dios nos ofrece y de su fidelidad para hacer que todas sus promesas se cumplan.  Finalmente nos habló Jonathan Perry,  animándonos a entrar a este tiempo de discernimiento, muy abiertos a la Gracia de Dios, a dejar que Cristo y su Espíritu nos inunden con su Vida, que sea un tiempo de renovación en la Fe, en la confianza de que Dios está y podemos descansar en su amor. También nos explicó algunos ajustes que tendrá la Promesa este año. De ahí nos dividimos por grupo de Lectio donde compartimos un versículo con un eco de la Buena Nueva recibida. También tuvimos un momento para conversar en torno a nuestras promesas. Jonathan nos llamó a que “aprovecháramos este tiempo. Que sea un tiempo de renovación espiritual, de profundización en el carisma del Movimiento, en comprender mi propia historia a la luz de la Fe, en escucha. De volver a decir “Sí” como si fuera la primera vez que daba mi respuesta al Señor. Y así podremos re descubrir, en medio de la pandemia, de las crisis, como “no vivo yo, sino que es Cristo que vive en mí” (Ga 2,20) , como el Espíritu que mora en mi interior, me permite botar lo pasajero que me sobra y me esclaviza, y me hace exclamar “¡Abba Padre!” (Rm 8,15). Y me reconozca, nos reconozcamos, como hijos, hijas, queridos de Dios.”  Mónica Donoso, de la Comunidad Santa María de Betania: “Recibo este tiempo de renovación de promesas como un regalo. Un regalo que me permite entrar en mi claustro interior para mirar lo que han sido estos años como promesada e ir descubriendo cómo ese primer amor aún permanece. Un regalo porque tengo, nuevamente la oportunidad, de ir y reconocer que efectivamente es en este Movimiento laico, eclesial y benedictino,  con sus virtudes y defectos, donde puedo ir viviendo en Comunidad mi Bautismo. Un regalo porque es una renovación que si bien es personal, se trabaja en comunidad y es ahí donde el testimonio de las otras me anima y me acompaña. Y por último lo recibo como un regalo porque lo siento como una nueva llamada del Señor, que me invita a dejar mi comodidad espiritual, para nuevamente plantearme cuál es verdaderamente mi vocación a la que  he sido llamada. Espero que esta época de confinamiento me sirva para entrar más profundamente en mi claustro interior y pueda seguir descubriendo que , una de las grandes muestras del amor de Dios, ha sido poder vivir mi fe desde el carisma que el Señor nos ha regalado”.