SAN JOSÉ 20 AÑOS: LA PRIMERA VISITA

FUNDACION

A finales de junio de 2001, José Manuel Eguiguren, Responsable y Cristóbal Valdés, oblato, realizaron la primera visita a la recién fundada comunidad de San José. Cristóbal cuenta acerca de esta experiencia:

“Era realmente un gran privilegio, porque la fundación era una aventura con la que me sentía profundamente conectado. Además, significaba conocer San José, ese lugar santo y amado, por primera vez en invierno. Recuerdo que llevamos como regalo una imagen de la Tebaida, del desierto egipcio poblado de ermitas y monasterios.

Era un invierno particularmente crudo. Recuerdo la impresión de la laguna congelada y el frío colándose implacable en la casa grande, a orillas del lago. Recuerdo también las cacerías de ratones. Pero nada importaba, por la alegría del encuentro y la bendición de ser parte de lo que se estaba gestando. También recuerdo que una noche explotó el fogón donde se calentaba el agua: literalmente voló por los aires y desapareció. Quedó solamente la puerta, que ya no daba a ninguna parte. Como siempre, todo en San José tenía algo de maravilloso y sobrenatural.

Una reflexión que me surge al recordar esta primera visita es que San José era una iniciativa que respondía a una intuición espiritual y no a un cálculo humano. Establecerse en la Patagonia requería un esfuerzo enorme cuyos frutos -la experiencia de unos pocos universitarios cada semestre- no parecían justificarlo. Además, la mayoría de la comunidad no conocía San José sino de oídas. Por último, como es habitual, las necesidades de los colegios en Santiago apremiaban. Pero lo decisivo no fueron esos argumentos, sino la inspiración del Espíritu que se percibía en el entusiasmo suscitado, en los signos de Dios y en la alegría. Me parece hoy que casi no veíamos las dificultades, sino que incluso nos regocijábamos en ellas y, sin pensarlo siquiera, se hacían parte del caudal de bienes que experimentábamos en San José. Esto es algo que ha permanecido a lo largo de los años, con diversas expresiones, como un signo claro de la acción del Espíritu”.