SAN JOSÉ 20 AÑOS: PRIMEROS FORMANDOS

Compartimos algunas palabras de los tres primeros formandos que partieron a San José hace ya 20 años.

“Ya han pasado 20 años desde que tuve la oportunidad de vivir varios meses en San José. Cuando partimos no teníamos muchas certezas, hubo cuestionamientos de todo tipo y de alguna forma era asumir un riesgo por algo que yo creía y sentía que marcaría mi vida. Mirando atrás, ha sido una de las experiencias que más representa el día a día de mi vida, sorteando desafíos, asumiendo riesgos y depositando mi destino en Dios. Imposible olvidar las duchas al aire libre rodeado de nieve o la alegría por el solo hecho de recibir una carta de mi familia o amigos. San José te enseña eso, a simplificar la vida, saber que no necesitamos tanto para ser felices, y que al final, todo depende de la voluntad de Dios. Aprendí a confiar, a perseverar y a rezar” Felipe Bunster (B99).

“Aunque no he vuelto a San José desde hace 20 años, solo recordarlo me da paz. Los meses que viví en la Patagonia me marcaron profundamente. El grupo humano que formamos fue espectacular. Vivíamos una vida tremendamente sencilla, siguiendo el reloj del sol y haciendo tareas tan cotidianas como forrajear los animales, hacer cortinas para el viento o fertilizar el campo. Al ser los primeros, la instalación tenía desafíos importantes, pero también hacían de esta experiencia algo muy especial y único. La imponente naturaleza y el encuentro con las comunidades locales hacían muy patente la presencia de Dios. La vida en comunidad fue muy enriquecedora también: aprender a compartir y respetar los espacios de cada uno, apoyar y ayudar en la dificultad, celebrar y encontrar a Dios en los momentos simples. Conocerse a uno mismo para ver cómo poder ser un aporte al grupo. Fuimos aprendiendo, entre todos, a recorrer este camino juntos. En la sencillez de la vida austral nos hicimos paso y con mucha alegría fuimos avanzando con la instalación y logrando establecer una comunidad de amigos. Agradezco enormemente la oportunidad que tuve, y pensando en los 20 años que siguen, los invitaría a desplegar todos los esfuerzos por mantener esta comunidad vigente. Hoy más que nunca necesitamos de este espacio de encuentro con uno mismo, con Dios, la naturaleza y la sencillez de lo cotidiano” Macario Valdés (B99).

“Por Gracia Divina, fui el primer formando que partió a San José a fundar San Beda con los demás oblatos. Podría contar montones de anécdotas, pero lo importante, lo más importante que descubrí en ese lugar es la maravilla de vivir los hermanos unidos en la oración, el trabajo y la amistad. Debo reconocer que no fue fácil, hay días que fueron un constante “¿porque estoy acá?”, pero Dios me mostraba el “por qué” en la sonrisa de alguno de mis compañeros -más que compañeros hermanos- y en el saber que la gracia no está en dar si no que en recibir. Recuerdo mi tiempo con un enorme gozo en el corazón y doy gracias a Dios por permitirme vivir esta experiencia que deja huella. Creo que, si todos pudieran vivir un poco de lo que yo viví, el mundo entero cambiaría. Ese es el legado que le dejaré a mis hijas, que hay un Dios vivo y que se encuentra en todas partes, que se me mostró y salió a mi encuentro en San José” César Ortiz (L98).