MÁS SEMANA SANTA

En la Decanía san José:

 Con la instalación de una gran cruz sobre uno de los cerros del Monasterio, se dio inicio a la Semana Santa. San Beda y Santa Hilda hicieron una liturgia penitencial. El abad Richard Yeo presidió las celebraciones del Triduo y aquellos que vinieron a celebrar desde Santiago en las casas de formación y al Puesto San Agustín. Los días Jueves, Viernes y Sábado Santo se vivió en torno a vigilias, lectio, retiros y una catequesis de la liturgia de cada celebración. La Cena del Señor en Mallín, luego una convivencia en el salón de la capilla, hicieron Completas, el canto de “mi alma está triste” y canto a lo divino. El Vía Crucis, junto a las comunidades cristianas se llevó la comunión a los enfermos, y el Sábado se vivió la Vigilia Pascual donde compartieron un ágape a la orilla del fogón. Algunos asistentes nos cuentan: Juan Pablo Aller (ex alumno CSA): “El Domingo de Ramos nos tocó estar a cargo de la comunión y de bendecir los ramos. Detalles que hicieron de este día algo más especial de lo que era, y junto al burro fuimos cantando y anunciando la llegada de Cristo al pueblo.” Dariela Salazar (formanda, L19): “Un regalo inmenso haber subido la cruz para dar comienzo a la Semana Santa. Hubo cansancio, pero todo eso quedó en la cruz. Un momento muy emocionante que me dio mucha paz y alegría al corazón”. Clement Kouzmenkoz (formando San Beda, Ampleforth 15): “El lavado de pies me llegó mucho. Me sentí amado de la misma manera, por encima de mis debilidades. La oración en el huerto me hizo recordar las palabras de Jesús por Pedro, “yo he rogado por ti” (Lc 22,32), y la certeza de que Jesús está rezando también por mí, me dio mucha alegría y paz en ese momento de oración en silencio.” Nicolás Bordon (A14): “Vivir el Vía Crucis en Mallín Grande fue una experiencia inolvidable. Representé a Jesús, y caminar cargando la cruz me motivó a pensar en todo lo que estaba viviendo y a rezar junto a la comunidad.” María José Larenas (CSA IV°): “Las charlas me ayudaron a entender mucho más lo que estábamos viviendo. Disfruté mucho que todos estaban interesados, lo que hacía que todo fluyera y se entendiera claramente el mensaje.”

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En el Puesto san Agustín se vivió una experiencia de la Rama de mujeres de Jóvenes Manquehue. Comparte su testimonio Antonia Irigoin (B16): “Pude vivir el sacramento de la confesión, como un momento en el que me reconcilio con el Cristo que llevo en el corazón. Me asombra su infinita misericordia, porque su perdón es eterno. Me reconozco amada, soy su hija preciosa a sus ojos, y a quien le tiene un plan perfecto de amor. Mi vida cobra sentido, es una historia de amor y perdón infinito, donde el pecado no es un error, sino que es el momento en el que Cristo tiene la oportunidad de sanarme y salvarme con su amor. El perdón me entrega paz y me permite verme a mí misma con otros ojos. Me siento digna para recibir su perdón, porque siempre puedo volver a Él.”

 En Portsmouth, desde la Comunidad Santa Gertrudis, nos cuenta Alvaro Gazmuri (B1): “Vivimos la Semana Santa de manera bastante particular. Junto a Romina Leiva partimos a al Retiro de Primavera de alumnos. Una Pascua de Resurrección anticipada, el deseo de los jóvenes, de encontrarse con Cristo, nos animó en nuestro propio encuentro y también en nuestra misión aquí. El lema era: “Mira que estoy a la puerta y llamo” (Ap. 3, 21), los alumnos hicieron un esfuerzo importante por abrirse al Señor que les quería hablar por medio de la lectio, la comunidad, la adoración, Dios se manifestó con fuerza y lo pudimos apreciar en los Ecos Finales. Uno de los alumnos hizo su Primera Comunión, sin haber estado planificado, ¡fue un paso y signo de Dios fuerte para todos los que estuvimos presentes! Vivimos de manera intensa el Triduo: el Viernes Santo vivimos un día de mucho silencio en el que acompañamos a Jesús, la liturgia nos fue hablando con mucha fuerza, especialmente en el Oficio de “Tenebrae” (Tinieblas), una antigua liturgia llena de signos, del Jueves y Viernes Santo. Nos fueron ayudando a entrar en el Triduo, para luego vivir la Vigilia. Muy en comunión con Manquehue, sabíamos que estábamos rezando a la misma hora, lo cual nos ayudó mucho para estar en comunión desde la distancia.”

En Downside, la comunidad Santa Escolástica, nos comparte sus testimonios: Cristóbal Valdés (oblato): En la lectio del Salmo 41, el salmista junto a las demás personas del grupo, me dijeron: “¡Recuerda!” Y el Señor envió su luz y su verdad, que me escoltaron hasta su monte santo, hasta su morada, hasta el altar de Dios, el Dios de mi alegría, a quien alabo gozoso con la cítara porque es Dios, el Dios mío.” Nicolás Meneghello (oblato):Tuve un regalo inesperado durante la liturgia en la Vigilia Pascual. Aproveché cada palabra de las nueve lecturas como no recuerdo haberlo hecho antes. Para la profesión de fe, pude hacerla como un eco, una respuesta al Señor por lo recibido a través de cada palabra”. Mary Townsend: “Entre tantos regalos que recibí del Señor, recibí el gran tesoro de celebrar el Misterio Pascual como parte de la Comunidad. Dejar a mi familia estos días fue la manera en que el Señor me llamó a poner mi fe en Él sin límites, porque en Él la muerte ya no existe. El Señor ha resucitado!” Charlotte Bonhoure: “Cuando se elevó la lámpara del tabernáculo con una vela recién encendida al final de la Vigilia, elevé la mirada hacia el santuario de la Abadía de Downside, ver esa luz elevarse rodeada de mis amigos, de la comunidad y de cientos de fieles hizo que se volvieran reales para mí la alegría y la esperanza de la historia de Israel, de la que habíamos estado oyendo a lo largo de la liturgia. “¡Sí!” exclamé en mi interior “¡Él Señor ha vuelto!” Vicente Tagle (B3): “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba…” (Col 3,1) Pude ir adentrándome en la alegría de la comunidad, en la Palabra de vida, en el silencio de la oración personal, en la liturgia en donde con Cristo me uní a su Cena, su Pasión, muerte y gozosa Resurrección. Fue muy especial el contexto de incertidumbre por nuestro futuro, de nuestra amistad con la comunidad monástica y de nuestra misión con los jóvenes y la Weave. Hoy me siento atraído más que nunca hacia lo alto, al premio que me aguarda: Cristo, vida de mi alma. “Este es el día en que actuó el Señor alegrémonos y gocemos y démosle gracias, Aleluya.”