SEMANA SANTA EN COMUNIDAD

AÚN CON LAS PUERTAS CERRADAS, CRISTO ENTRA IGUAL

Javiera Rojas B. (A10), Tutoría CSB: “Esta Semana Santa fue muy especial. Se vio especialmente marcada por un versículo que me llego muy fuerte en la lectio del lunes y que me acompañó el resto de los días: “Y la casa se llenó del olor del perfume” (Jn 12.3b) versículo que volvía a mí porque fui testigo de cómo mi casa se llenó de Cristo, donde lo más importante no era la forma en que celebramos, lo involucrado que estuviera cada uno o si estaban litúrgicamente “bien hechas” las celebraciones, sino el amor que le pusiéramos, y fue en ese amor en que vi a Cristo Resucitado. Me sorprendió la generosidad de Dios de traer la misa a mi casa, me sorprendió la iglesia doméstica, me sorprendió el que volviéramos a rezar juntos, me sorprendió que aún con las puertas cerradas, Cristo entra igual. Para mí fue un momento y un crecimiento familiar muy potente.

Por otro lado volví a ver, igual que otros años pero ahora con más fuerza, una comunidad que trabaja junta y se pone al servicio de los demás. Me emocionó el amor con que estaba hecho cada material que subieron a la web y ver a mi familia usándolo con tanto gozo y naturalidad. También me llenó de alegría ver a los jóvenes participando: ver los retiros hechos con mucha dedicación y topados en gente que de verdad quería estar.  Ver a las jefas scout preocupadas por sus niñitas, organizando retiros y actividades y tomándoselo muy muy en serio. O también ver a la Ruta Scout viviendo su retiro de Semana Santa cada una en sus casas, haciendo comunidad, compartiendo y adaptándose con mucha libertad a los tiempos que vivimos. Vi una comunidad Viva, donde todos fueron un gran testimonio para mí. Esta Semana Santa fue un gran regalo, donde fui testigo de mucha Resurrección y amor a Dios.”

LA VERDADERA COMUNIDAD NO TIENE FRONTERAS

Mónica Donoso, Promesada activa Decanía San Benito: “Jamás pensé vivir una Semana Santa como la que nos tocó vivir. En un primer momento tuve miedo y dudas de si iba a ser capaz de vivir, lo que tuve por gracia la posibilidad de vivir.

La ayuda de la comunidad del MAM fue fundamental, me sentí parte de una Iglesia que está más viva que nunca, una Iglesia que no necesitó de tantos templos, porque se multiplicó en cada una de nuestras casas. Pude entrar en una profunda comunión con todos los que participamos de esa INCREÍBLE capilla virtual, que regalo…. Además pude vivir y “construirme” mis pequeños retiros con la Lectio, actividades que nos compartieron y con distintas ceremonias a las que me uní a través de la televisión.

El Señor no sólo pasó por mi casa y por mi corazón, se detuvo y quiere seguir morando junto a nosotros. Viví en plenitud que “Él hace nuevas todas las cosas”. Sé que la fe hoy no tiene ninguna frontera y que la verdadera comunidad tampoco la tiene, porque Cristo ha resucitado”.