Regla San Benito 24 enero, 2020

Regla de San Benito 146

Capítulo VI, 1-8

LA TACITURNIDAD

(1) Hagamos lo que dice el profeta: «Yo me dije: Vigilaré mis caminos para no pecar con mi lengua. He puesto una guardia a mi boca. He enmudecido y me he humillado, y me abstuve de hablar de cosas buenas». (2) Enseña aquí el profeta que, si a veces hay que renunciar a conversaciones buenas por razón de la taciturnidad*, ¡cuánto más hay que abstenerse de las conversaciones malas por el castigo que merece el pecado! (3) Por lo tanto, aunque se trate de conversaciones buenas y santas y de edificación, dada la importancia de la taciturnidad, no se conceda a los discípulos perfectos, sino raras veces, licencia para hablar; (4) porque escrito está: «Si hablas mucho, no evitarás el pecado»; (5) y en otro lugar: «Muerte y vida están en poder de la lengua». (6) Además, hablar y enseñar  incumbe al maestro; callar y escuchar corresponde al discípulo. (7) Por eso, cuando sea necesario preguntar algo al superior, pregúntese con toda humildad y respetuosa sumisión. (8) Pero las chocarrerías y las palabras ociosas y las que provocan la risa, las condenamos en todo lugar a reclusión perpetua, y no permitimos que el discípulo abra la boca para semejantes expresiones.


1 Sal 39(38) 2-3; Lc 23 8-9; Mt 15 17-20
2 St 3 1-12; Si 20 5-8; Sal 141(140)
3 3 Pr 17 27-28; 1 Tm 6 20; Qo 3 7b
4 Pr 10 19; Qo 5 1-2; Pr 13 3
5 Pr 18 21; St 3 9-10; Pr 21 23
6 Si 6 32-37; Lc 10 38-39; Pr 2 1-6
7 Tt 3 1-2; 1 P 5 5-6
8 Mt 12 36-37; 1 Tm 5 13; Ef 5 4