ALAMEDAS

Como en la gran mayoría de los lugares rurales de Chile, en Aysén se ven constantemente extensas hileras de álamos que adornan el paisaje. Como en otras regiones, las alamedas sirven principalmente como cortinas de viento, protegiendo los cultivos y ayudando a su crecimiento.

Pero en Aysén tienen además otra característica: son signo de asentamiento humano, de hogar,  de acogida, Hace algunos años  atrás, el principal medio de transporte era el caballo, y las travesías para trasladarse  entre los diferentes pueblos demoraban horas, días e inclusos semanas. Los vecinos más próximos vivían a kilómetros, y las condiciones climáticas muchas veces obligaban a los viajeros a hacer paradas improvisadas.  En estos recorridos, podían pasar horas sin ver a otro ser humano, no había donde cobijarse del frío, y varias noches debían pasarse a la intemperie, abrigados con mantas y al calor del  fuego. Es por esto que cualquier signo que indicara un asentamiento humano se hacía muy valioso, allí habría techo donde cobijarse, un fogón para secar las ropas mojadas y un mate reponer las fuerzas desgastadas por el viaje. Los álamos, por su altura, podían verse desde lejos, y anunciaban casi con total certeza que allí habría  un lugar de acogida.

Hoy, las alamedas continúan protegiendo los sembrados, huertos y casas de los fuertes vientos que muchas veces azotan la región, y aunque actualmente la Carretera Austral hace posible acortar los tiempos de viaje y trasladarse en vehículos, los álamos permanecen como testigos de los antiguos y largos recorridos a caballo que realizaron los colonos de estas tierras. Aun hoy, al ver una alameda, se sabe que allí hay –o había- un casa, es decir, una puerta abierta para recibir a cualquier visitante con un mate y tortas al calor del fuego.