Padre Porfirio Díaz

En un día como hoy -8 de diciembre- hace 27 años, fue ordenado sacerdote el padre Porfirio Díaz. Hombre incansable y de gran celo apostólico, recorre miles de kilómetros en su camioneta gris atendiendo a las diferentes comunidades, visitando a las personas en sus campos, impartiendo los sacramentos, acompañando y anunciando. Conozcamos un poco acerca de su historia.

Porfirio es un hombre de campo. Nació en el Baker, en un sector llamado El Manzano, y desde chico disfruta pialar, asar y subir a animales ariscos, ese fue el mundo donde se crió. Fue bautizado por los Siervos de María, misioneros que en ese tiempo asistían a las comunidades de la región. A los 9 años viajó de urgencia a Coyhaique, donde estuvo hospitalizado 4 meses producto de una apendicitis. Allí conoció a un profesor que le enseño a leer y a es escribir, y que más tarde lo ayudaría a continuar sus estudios en Coyhaique. De vuelta a Cochrane retomó la escuela, destacándose como un alumno aventajado.

Durante los veranos, siempre se dedicaba a los trabajos de campo. A los 13 años estuvo a punto de irse a Argentina con un grupo de esquiladores, pero volvió a Cochrane porque le había ofrecido trabajo allí. En el pueblo se encontró con uno de los misioneros de los Siervos de María, quien lo invitó a una Jornada Pastoral en Coyhaique. Luego de aquella Jornada, Porfirio se quedó en la capital regional para continuar sus estudios, al mismo tiempo que participaba en diferentes actividades pastorales, las que despertaron en él una inquietud. Tras muchas conversaciones con el párroco, el obispo, Don Bernardo Casano, lo invitó a una jornada de admisión. Quedó aceptado en el Seminario, pero puso una condición: en los veranos él tenía que irse al campo. Durante su tiempo como seminarista, durante los veranos Porfirio continuó dedicado a esquilar cortar el pasto, participar en domaduras, etc. El 18 de agosto de 1988 se ordenó diácono -era el primer diacono del Baker-, y el 8 de diciembre de 1989 el Obispo Aldo Lazarin lo ordenó sacerdote.

Siguió trabajando en Coyhaique en distintas pastorales, hasta que en marzo de 1995 lo nombraron párroco diocesano en Puerto Cisnes, hasta 1997, cuando se fue a estudiar animación de jóvenes y catequética con Licenciatura en Teología con los Salesianos en Roma, donde estuvo hasta el 2000. Luego volvió a trabajar a Aysén, y después de un tiempo en La Junta fue nombrado párroco de Chile Chico. Como la zona era demasiado extensa, el padre Porfirio consiguió que otro sacerdote se hiciera cargo de Chile Chico y tomara su lugar como párroco, y así él podría dedicarse al interior, es decir, a atender Mallín Grande, Puerto Guadal, Puerto Bertrand, Puerto Tranquilo, Bahía Murta y Puerto Sánchez, trabajo que realiza hasta el día de hoy, además de ser el Vicario General de la diócesis de Aysén.

Por otra parte, ha trabajado en conjunto con el Movimiento Manquehue en talleres y misiones realizados en los pueblos: “Para mí fue un tiempo importante, de lo que surgió además la Pastoral de Inculturización, por ejemplo, el tema del agua, del medio ambiente, de las mineras en Chile Chico, de los conflictos e impactos sociales, de las represas. Cómo acompañar y formar a la gente, cómo participar con distintas agrupaciones, en definitiva, una pastoral que busca el bien de las comunidades”[1].

 

[1] Entrevista al Padre Porfirio Díaz. Boletín N° 3 San Jose.