VALORAR Y RESGUARDAR LA IDENTIDAD

Septiembre es el mes de las tradiciones nacionales, de resaltar “lo típico”, de expresar con orgullo aquello que nos hace ser chilenos. Eso que en tiempos pasados era considerado común y cotidiano -como la chupalla, el emboque o la cueca-, hoy se convierte en un símbolo patrio, algo que recordamos para las Fiestas, pero que poco a poco se va haciendo lejano, cosas que guardamos y que sólo sacamos una vez al año. Bailes, vestimenta, juegos, música, trabajos de campo y comidas típicas han sido reemplazados por elementos extranjeros y modernos, que -aunque en sí no tienen nada de malo- encierran el peligro de hacernos perder una parte de nuestra identidad, al olvidarnos de nuestra esencia. ¿Por qué las ansias de ver un rodeo o una trilla sólo duran la semana del “18”? ¿Por qué regalamos trompos y emboques únicamente para Fiestas Patrias? ¿Por qué lucimos orgullosos el traje de huaso o de china exclusivamente en septiembre? La invitación es a detenernos a pensar, y mirar cómo los avances modernos pueden hacernos perder tradiciones y costumbres que son las que le dan identidad propia a nuestro país, haciéndolo diferente de sus vecinos. No se trata de no avanzar ni modernizarse, sino que de hacerlo sin perder lo propio.

Aysén no es la excepción a este fenómeno cultural, incluso podríamos decir que se vive en forma dramática, dado el éxodo de población joven hacia las grandes ciudades. Son pocos los jóvenes que se quedan en sus lugares de origen para aprender y perpetuar las tradiciones de sus padres y abuelos. Así lo expresa Gilberto Orias en su poema Se nos va lo de ayer[1]:

Cuando el progreso avanza             Así el trabajo va rápido
lo antiguo queda de lado                 cualquiera lo puede ver
ya no se ve el pilchero                      no como el pobre colono
ni el marcanchifle ambulante        arando a tranco de buey;
todos esos tiempos de antes           todo era lento para ellos
se los ha tragado el pasado             lo más rápido era el caballo
ya no hay señalada                           el transporte era el carro
como antes la gente hacía               siempre estaba preparado
bailando y tomando trago              con varios pares de bueyes
hasta que aclaraba el día.               y el eje bien engrasado.

En tiempos de marcaciones           En medio de mi ignorancia
en esas hermosas mañanas            pienso lo que puede ser
tanto hombre como dama              de a poco se va a perder
iba la gente contenta,                      la tradición del pasado
las lolas sus vestimentas                 va a pasar lo del arado,
todo era un jardín florido               del pilchero y la carreta
los varones prevenidos                   vendrán costumbres modernas
de lazos bien trabajados                 abarcando la región,
a esperar allí el ternero                   se irán nuestras tradiciones
para echarle un pial volcado.         y gran parte del folclor.

Cuando el rudo arado de palo        Por la senda del olvido
esta tierra trabajó                             va a caer en el abismo
el arado americano                           las costumbres y modismos
moderno lo reemplazó                    que el hombre de campo tenía
el viejo arado quedó                         el amor con que servía
ya para nunca volver.                      a cualquier hombre de afuera
Ahora se puede ver                          puedo decir donde quiera
en los potreros arando                    sólo el hacha va a quedar
un tractor con varios arados          brazos del viejo colono
en la pampa barbechando              que nadie va a reemplazar.

 

El mundo avanza, las ciudades se modernizan y la globalización nos alcanza a todos. Aysén ha avanzado muchísimo en términos de conectividad, infraestructura y servicios, lo que sin duda es un proceso que trae innumerables beneficios, pero al mismo tiempo ha significado perdida de identidad. El trabajo en el campo, que antes requería un esfuerzo comunitario, hoy es reemplazado por máquinas, y aunque sin lugar a dudas se hace más rápido, se ha perdido el evento y las fiestas que conllevaban dichas faenas. La televisión ha llevado a que los vecinos se visiten cada vez con menos frecuencia, perdiendo así la costumbre de “estar”, de tomar mate juntos y hacerse compañía. Los productos textiles importados y sintéticos hacen que la lana sea un producto poco práctico, y el trabajo de esquilar, lavar, escarmenar e hilar se va perdiendo en la memoria de las últimas señoras que lo aprendieron de sus madres y abuelas, sin traspasarlo a las nuevas generaciones, poco interesadas un una labor de tanta dedicación y tiempo. Estos son sólo algunos ejemplos de lo que ocurre con ciertas tradiciones y costumbres, que hoy corren el riesgo de desaparecer si es que no hay un esfuerzo por rescatar, proteger y transmitir aquellos elementos que hacen única y diferente a esta región.

Inculcar el orgullo por la Patria va mucho más allá de celebrar un mes de tradiciones, va por -en parte- cuidar que esas costumbres y elementos típicos no se pierdan en el tiempo, darles el valor que tienen dentro de la sociedad y trabajar para que las próximas generaciones se enorgullezcan de ellas y de quienes les dieron vida.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Orias, Gilberto, “Se nos va lo de ayer”, publicado en “Poetas Populares de la XI Región. Aisén, Poesía y Tradición”. Colección Aisthesis, Santiago, 1987. p.63