Lectio del Día

Lunes 3 de Mayo

Juan 3, 13-17

“Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.

Cristo ya nos salvó!, nos sana de nuestras penas y debilidades diarias. Es hoy el llamado a vivir en plenitud la vida eterna que nos ofrece Cristo. Miremos nuestros propios desiertos y entreguémoselos a Cristo, para que nos guie, nos sane y nos llene de su eterno amor.


Marte 4 de Mayo

Juan 14, 6-14

“Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: « ¿ Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me

conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.  Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

 

En el evangelio de hoy, Jesús nos hace un llamado  a no confundirnos  con tantas verdades y caminos que nos muestra el mundo de hoy, si no a creer que solo Jesús nos lleva a la Vida en plenitud. ¿De qué manera me preocupo de ir conociendo al Padre?


Miércoles 5 de Mayo

Juan 15, 1-8

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos”.

 

El sarmiento separado del tronco sólo sirve para hacer fuego, ya no hay vida  ni frutos en él; lo mismo nos pasa cuando nos separamos  de Cristo pues “Yo soy la vid vosotros los sarmientos”. Cristo nos da una vida plena y distinta, la vida en el Espíritu, Cristo convierte nuestro corazón de piedra en uno de carne. Nos llama a escuchar su Palabra, a ponerla por obra, a  tener fe en su acción en nuestra vida y a dar frutos en el amor hacia los demás.